Fácil es llenarse la boca de "erudición" hablando de subjetividad, creencias personales y libertades individuales. Fácil es escupir por el culo los concensos, para sacarlos de nuestro organismos y darle paso al libertinaje. Entonces cualquier acto es justificable, cualquier estupidez es razonable y cualquier enfermedad es curable. Pero anda tu a decir que hay algo que es transversal a todos y verás como a la gente le salen ronchas en sus axilas, como tiritan las rodillas, como sus caras se dinamintan; no por fuera, sino en lo más hondo de su pensamiento. Es que en estos tiempos las diferencias son grandes, las igualdades tambien, pero las diferencias más. Nadie quiere por estos días aceptar que es igual a los demás, fuera de aquel tan bonito discurso que nos denota una gran "erudición humana", nadie quiere aceptar que somos iguales a los "yankis", a los "empresarios", los "pacos", nadie quiere. Porque en cuanto nos vemos a todos juntos como humanidad, cuando soy capaz de reconocerme en él, me doy cuenta que soy igualmente abominable, igualmente despreciable, igualmente eliminable, y por lo menos yo no quiero ser eliminado.
Si vieramos todos a la humanidad que tenemos dentro, no tendriamos miedo de reconocernos, pues habriamos dado un paso más grande que aquel, el de conocernos.
Si vieramos todos a la humanidad que tenemos dentro, no tendriamos miedo de reconocernos, pues habriamos dado un paso más grande que aquel, el de conocernos.