Fue cosa de cerrar los ojos para comenzar.
Los sentí desde un comienzo, y no me refiero a que los
escuchara apenas comenzaran a tocar, que desde luego ocurrió, sino que quiero
decir que mi cuerpo lo sintió por completo. No había extremidad que no lo
sintiera e incluso algunas tenían más afinidad con ciertos tipos de sonido. Así
por ejemplo el bombo me retumbó en el pecho y el bajo en la boca del estómago,
los riffs de la guitarra de fondo en mi mano derecha, mientras que los punteos
de guitarra junto con sus efectos estridentes en la sien, específicamente, en
el costado derecho de la cabeza. También los platillos retumbaban, pero estos
en las plantas de mis pies y todo en conjunto me hacía vibrar los muslos. Mi
cuerpo vibró al compás de su música y por momentos eso me desvanecía.
Con mis ojos cerrados entre el movimiento de la Masa y los sonidos
producidos por la banda, mi mente trabajó a una velocidad musical, sincronizada
con las melodías; tocaban “make it wit chu”. Veía en mi cabeza como mi cuerpo
se hacía polvo durante el coro, volando hacia atrás, alejándose del escenario
del que me encontraba a unos 30 metros. Fue durante el punteo en donde comencé
a recobrar la forma; todo el polvo se juntó y formó una gran nube de la que
llovía yo en extremidades que se desarmaban en cuadros al tocar el suelo. Se
juntaban y desarmaban al ritmo de cuotza (Q.O.T.S.A.), pero siempre de manera
errónea, era divertido ver como los dedos hacían juego con una parte de mi hígado
o los riñones con mis tetillas. La cosa fue que los cuadros se juntaron de una
vez por todas durante “The lost art of keeping secrets”, pero como era de
esperarse de una forma equívoca. Hasta que llegó “hanging tree”, fue entonces
en donde esa masa sin forma y perfecta ante mis ojos se desarmó para dar pasó a
una cadena larga de cubos de carne formados por mi cuerpo y unidos por una
cadena. Nadó por el cielo aquella extraña cuerda, hasta que una bala vino desde
el frente para intentar asesinar a los primeros cubos (Agraciadamente, la bala
no cumplió su cometido, pues era de salva). La soga entonces se transformó en
serpiente y engulló la bala mientras escalaba a un árbol al que enrollaba con
su cuerpo. Tanta fue la presión que al árbol no le quedó más que fusionarse
conmigo, nos transformamos en un “ent”, esos árboles animados y humanizados que
se pueden leer en El señor de los Anillos.
Luego de eso … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … …
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