Thursday, 25 April 2013

La alegría revolucionaria

   ¿Qué es eso de la alegría revolucionaria? ¿De qué patraña me están hablando?... Para mi no es más que un truco publicitario barato que intentan poner en juego aquellos grupos que se hacen llamar revolucionarios. ¡Que la "Revolución" es muerte, hombre!. Que hay en ella tanto de alegrías, como de tristezas; y así también de nacimiento y de vida. Pero no me vengan a decir que la revolución es totalmente alegre, ni que pretenden hacerla sonriendo todo el momento, porque si hay revolución, de las verdaderas, de esas de las ideas que llevan a actos heroicos o enjuiciables, habrá también enfrentamientos y eso no será bonito, ni mucho menos gracioso como para andar riendo. Así que a mi no me vengan con "cosas" y díganme "las cosas" sin esconderme nada. 
   No me digan que creen que llegarán a buen puerto solo sonriendo, que aunque sonrisas le falten al mundo, más le faltan penas, y hablo de las lagrimas, que de esas hay muchas y de muchos tipos, sino que de penas sentidas con el dolor de nuestras almas (si, nuestras, todas juntas), pero más aún, con el dolor de nuestra carne abierta, que es de esta pena, de donde brotará la alegría que vale y es de esta pena que se harán los cambios necesarios. Basta de la cultura de las sonrisas hipócritas, ya no más. Quiero una triste revolución, en donde sepultemos al mundo porque se nos está muriendo y nosotros con él. Solo entonces y solo así, nacerá la creatividad, que no hay más creativo que el melancólico y que es la melancolía si no una pena; y solo entonces, recién entonces podrá advenir la alegría que vale y no la que intentan forzar esos grupos autoproclamados revolucionarios.


PD: Perdóneme la rabia por no nombrarla ahora, pero es que no quería extenderme demasiado. 

Saturday, 6 April 2013

Queens of the Stone Age (Q.O.T.S.A.)


                                                                                        Fue cosa de cerrar los ojos para comenzar.

Los sentí desde un comienzo, y no me refiero a que los escuchara apenas comenzaran a tocar, que desde luego ocurrió, sino que quiero decir que mi cuerpo lo sintió por completo. No había extremidad que no lo sintiera e incluso algunas tenían más afinidad con ciertos tipos de sonido. Así por ejemplo el bombo me retumbó en el pecho y el bajo en la boca del estómago, los riffs de la guitarra de fondo en mi mano derecha, mientras que los punteos de guitarra junto con sus efectos estridentes en la sien, específicamente, en el costado derecho de la cabeza. También los platillos retumbaban, pero estos en las plantas de mis pies y todo en conjunto me hacía vibrar los muslos. Mi cuerpo vibró al compás de su música y por momentos eso me desvanecía.

Con mis ojos cerrados entre el movimiento de la Masa y los sonidos producidos por la banda, mi mente trabajó a una velocidad musical, sincronizada con las melodías; tocaban “make it wit chu”. Veía en mi cabeza como mi cuerpo se hacía polvo durante el coro, volando hacia atrás, alejándose del escenario del que me encontraba a unos 30 metros. Fue durante el punteo en donde comencé a recobrar la forma; todo el polvo se juntó y formó una gran nube de la que llovía yo en extremidades que se desarmaban en cuadros al tocar el suelo. Se juntaban y desarmaban al ritmo de cuotza (Q.O.T.S.A.), pero siempre de manera errónea, era divertido ver como los dedos hacían juego con una parte de mi hígado o los riñones con mis tetillas. La cosa fue que los cuadros se juntaron de una vez por todas durante “The lost art of keeping secrets”, pero como era de esperarse de una forma equívoca. Hasta que llegó “hanging tree”, fue entonces en donde esa masa sin forma y perfecta ante mis ojos se desarmó para dar pasó a una cadena larga de cubos de carne formados por mi cuerpo y unidos por una cadena. Nadó por el cielo aquella extraña cuerda, hasta que una bala vino desde el frente para intentar asesinar a los primeros cubos (Agraciadamente, la bala no cumplió su cometido, pues era de salva). La soga entonces se transformó en serpiente y engulló la bala mientras escalaba a un árbol al que enrollaba con su cuerpo. Tanta fue la presión que al árbol no le quedó más que fusionarse conmigo, nos transformamos en un “ent”, esos árboles animados y humanizados que se pueden leer en El señor de los Anillos.

Luego de eso … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … …