No me digan que creen que llegarán a buen puerto solo sonriendo, que aunque sonrisas le falten al mundo, más le faltan penas, y hablo de las lagrimas, que de esas hay muchas y de muchos tipos, sino que de penas sentidas con el dolor de nuestras almas (si, nuestras, todas juntas), pero más aún, con el dolor de nuestra carne abierta, que es de esta pena, de donde brotará la alegría que vale y es de esta pena que se harán los cambios necesarios. Basta de la cultura de las sonrisas hipócritas, ya no más. Quiero una triste revolución, en donde sepultemos al mundo porque se nos está muriendo y nosotros con él. Solo entonces y solo así, nacerá la creatividad, que no hay más creativo que el melancólico y que es la melancolía si no una pena; y solo entonces, recién entonces podrá advenir la alegría que vale y no la que intentan forzar esos grupos autoproclamados revolucionarios.
PD: Perdóneme la rabia por no nombrarla ahora, pero es que no quería extenderme demasiado.
PD: Perdóneme la rabia por no nombrarla ahora, pero es que no quería extenderme demasiado.
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