Monday, 7 May 2012

Comunidad


Y entonces ¿Qué es lo que define una comunidad? – Preguntaba Montero a Rozas. Así comenzaba la conversación en aquel café, un día de mayo.

La pregunta era casi retórica, Montero no le dio el tiempo para responder y lanzó la respuesta que ella consideraba correcta. La comunidad es un grupo social dinámico, histórico y culturalmente constituido y desarrollado, preexistente a la presencia de los investigadores o de los interventores sociales – hace una pausa y prosigue - que comparte intereses, objetivos, necesidades y problemas, en un espacio y un tiempo determinados y que genera colectivamente una identidad, así como formas organizativas, desarrollando y empleando recursos para lograr sus fines. Respondió al instante, Martiza Montero y luego agrego los últimos detalles, diciendo que los aspectos comunes que comparten  los miembros de una comunidad son la historia, la cultura, los intereses, las necesidades, los problemas, las expectativas socialmente construidas por los miembros de grupo, un espacio y tiempo,  relaciones habituales y frecuentemente cara a cara, interinfluencia entre los sujetos y entre el colectivo y las personas, una identidad social,  un sentimiento de pertenencia, un sentido de comunidad, vinculación emocional compartida, limites borrosos, formas de poder producidas dentro del ámbito de las relaciones y un nivel de integración mucho más concreto que el de otros colectivos de organización social, también son sus propiedades.

Rozas piensa esta afirmación un momento y le contesta que ella tiene razón, que comparte la visión dinámica de las comunidades, pero hace un reparo y afirma que no toda comunidad es como ella lo plantea. Le rebate argumentando que aquella afirmación se parece a lo que podría enmarcarse dentro de una comunidad moderna, aseverando que existen distintos tipos de comunidad claramente identificables en los distintos momentos socio-históricos por los que ha pasado la humanidad, no siendo estas divisiones solamente temporales, sino que más bien son divisiones que se deben a los recursos materiales y formas de vida y producción de distintas sociedades. Según esto podemos encontrar 3 grandes divisiones en las comunidades; las comunidades pre-modernas, modernas y post-modernas. Cada una de ellas con distintas características, cada una de ellas con lógicas y funciones diferentes en donde los mismos factores van tomando distinto peso. Rozas le explica que puede notarse una diferencia, principalmente en 2 factores considerados dentro de la definición de comunidad, que cambian en importancia o relevancia, dependiendo del momento en que se encuentre la comunidad. Estos son la identidad y la territorialidad.

Podemos ver como para las comunidades pre-modernas el factor territorial gana una importancia superlativa y este factor pasa a dejar de tener relevancia – comenta Rozas – para las comunidades post-modernas. Y es que antes de la modernidad había un territorio que proteger, un lugar en que cultivar los alimentos que debíamos comer, un lugar que nos limitara el espacio. Mas hoy en la actualidad nos encontramos con un espacio sin territorialidad, en donde cada lugar es casi idéntico a los demás. No hay mucha diferencia entre estar en Santiago de Chile, ni en Mendoza, ni en Londres, más que por las diferencias arquitectónicas. En lo mayúsculo, la idea de ciudad es casi la misma. Y peor aún, para intensificar esto, llegó a nosotros la globalización y su inmediatez, el tiempo sin tiempo en donde toda comunicación a distancia ocurre en un instante, en donde toda interacción con el otro puede ser mediante un aparato sin carnes, ni huesos.

A todo esto Maritza pregunta - ¿Y qué me dices de la identidad?

Cada vez más confusa – respondió – No estamos limitados a un territorio como ocurría antes, podemos conocer el otro extremo del mundo en tan solo un instante y junto con ello, podemos cuestionar nuestras costumbres de paso. Ya no pertenecemos solo a una comunidad, en este mundo en donde está todo conectado. Pertenecemos a una aldea global en donde todas las comunidades están en contacto y en donde una persona puede pertenecer a más de una comunidad en el mismo acto. Los límites son difusos entre las diversas comunidades y los individuos, ya no hay separación. La profesora Montero medita unos instantes y le comenta a Rozas que ella comprende todo lo que él plantea, que de hecho ha actualizado sus concepciones sobre las comunidades y que su antigua definición pudo haber estado obsoleta, como buena investigadora ha revisado sus teorías. Entonces le comunica a Rozas su nuevo concepto de comunidad. Muy similar a la anterior, pero excluyendo algunas cosas y casi como si estuviera buscando los componentes transversales a los 3 tipos de comunidades propuestas por Germán Rozas, Montero le dice: “una comunidad es un grupo en constante transformación y evolución (su tamaño puede variar), que en su interrelación genera un sentido de pertenencia e identidad social, tomando sus integrantes conciencia de sí como grupo, y fortaleciéndose como unidad y potencialidad social”.

Germán escucho atentamente y pensó que esta definición, aunque mucho más general, estaba más acertada, por lo menos para las comunidades que se pueden ver el día de hoy. Aunque no tiene sentido  para él, pensando en las comunidades post-modernas, hacer tanto hincapié en la identidad social que se produce en una comunidad, teniendo en cuenta la simultaneidad de comunidades a las que generalmente las personas pertenecen el día de hoy y lo difícil que es poder crear una identidad fuerte por una de ellas, teniendo tantas opciones disponibles y al alcance.

Martiza le habla sobre el individualismo, esa práctica tan arraigada en nuestra sociedad actual y le recalca que si se quiere apreciar una comunidad como tal, debe estar en ella el factor de la solidaridad y la identificación con las personas que la componen. Puso como ejemplo el grupo de interés y dijo que aquel no era una comunidad, aunque si podía transformarse en una, aun así este estaba movilizado por intereses individuales que poco tienen que ver con los fundamentos de una comunidad. Una persona puede pertenecer a más de un grupo de interés, no por ello todos serán su comunidad. Aclaro posteriormente que uno de los aspectos más identificadores de la comunidad es que estas son capaces de reconocerse como participantes en un proceso históricamente vívido, cosa que no siempre pasa en un grupo de interés. Que afecta a todos, a pesar de las múltiples diferencias que puede haber entre las personas que constituyen la comunidad, con esto afirmando que las personas que construyen una comunidad pueden o no pertenecer a uno o varios grupos de interés. Pero además agregando que esto no es malo y que justamente por esa diversidad la comunidad es un proceso que se construye y deconstruye continuamente. Debido a su dinámica esta continua movilidad y transformación y por lo tanto  no puede terminar o comenzar en límites precisos y definidos.

Si bien sus definiciones variaban un poco, ambos podían notar que tenían aspectos comunes al momento de intentar dar con una definición de comunidad. Ambos planteaban que era importante para una comunidad el hecho de las personas pertenecientes a dicha comunidad tuvieran un objetivo o finalidad en común. Así mismo pueden coincidir en que el sentido de pertenencia a esta es algo que también cobra relevancia, puesto que nadie puede ser de una comunidad de la cual no se considera parte. Ambos le restan importancia a la función que cumple la territorialidad dentro del proceso de construcción de la comunidad, en comparación con la importancia que tenía en las comunidades pre-modernas, tomando en cuenta los avances comunicacionales que hay hoy en día y la ausencia de corporalidad que estos permiten, dentro del proceso comunicativo. Otorgándole de cierta forma un carácter de innecesario a un espacio físico que albergue a los sujetos en cuestión. En este sentido el espacio gana otras significantes dentro de una comunidad, que dejan de ser significativas para su constitución, dejando de ser un factor tan ligado a la construcción de identidad, y se da paso a otros factores como los objetivos comunes que el grupo comparte, factor que nunca estuvo ausente, pero que nunca antes estuvo tan presente, pudiendo llegar en estos días a ser el eje que guía el desarrollo de la comunidad.

Luego de eso la conversación se distendió y se dio a paso a una más banal, el café aun estaba caliente, el día estaba helado y Santiago estaba apurado…

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