Friday, 2 November 2012

Después de vivir en una ciudad tan cuadrada como Santiago por más de 20 años (casi 21), puedo decir que me gustan los arcos sobre las calles. No me refiero a los pasos sobre nivel o las pasarelas que generalmente se ven en calles transitadas, sino que a los arcos como los que se ven frente a la Moneda en esos dos grandes edificios que están en el lado sur de la Alameda. Me hacen recordar que las calles no siempre estuvieron ahí y que nosotros somos los que nos hemos adaptados a ellas dándolas por sentadas, naturalizandolas, y que no es necesario respetarlas tanto como se nos exige y que podríamos darle una infinidad de utilidades más que el de vía para automóviles y/o autómatas. 

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