Tuesday, 19 February 2013

Sobre el tiempo


Siempre creí que correr era la solución para controlar el tiempo, organizarse y correr.

Planificar tu día y hacerlo rendir al máximo, sin preocuparse por quedarse sin tiempo, pues todo estaría organizado y contemplado en un esquema tan rígido como sólido, por lo que este no podría salirse de ahí. No bastó mucho para darme cuenta de que estaba equivocado. Siempre había un imprevisto, siempre, y ante eso yo me sentía impotente. No era mucho lo que podía hacer, por lo tanto decidí tener un esquema más amplio y dejar tiempos de sobra para cada actividad, así, en caso de un suceso inesperado, podría cuadrar mis tiempos para realizar todas las actividades que me había propuesto. Ciertamente funcionó e incluso me sobraba tiempo en algunas ocasiones que podía aprovechar para realizar alguna otra acción que no tuviese contemplada - era agradable sentirme así, libre de saber que había hecho las actividades y de que el tiempo me sobraba -. Tal éxito tuvo mi esquema, gracias  a este mundo cada día más regular, que el tiempo me comenzó a sobrar, ya no solo de manera ocasional, sino que de manera constante; había días en que incluso alcanzaba a realizar las tareas programadas para dos días.
Con el paso del tiempo, el adelantar las tareas programadas se volvió una cosa cotidiana llegando a tal nivel que ya el 1ero de mayo ya había hecho las compras de los arreglos de navidad para mi casa y el 3 del mismo mes ya había adquirido el cotillón para año nuevo. En un momento me adelanté tanto al tiempo que llegué a enojarme con mis amigos pensando que habían olvidado mi cumpleaños, cuando en realidad aún faltaban 4 meses para eso. A pesar de todo, me sentía un ganador, hacía lo que quería y el tiempo no era un impedimento para mí; le había ganado, lo había superado. Yo fui mi tiempo, mi ritmo y mi canción escrita en mi propia llave de sol que marcaba los tiempos que yo quería, cada vez más rápidos por cierto. No distinguí noche de día y cada vez fueron menos las horas que dormía. No me importaba, nada mejor que saber que tienes tiempo para hacer más cosas. Corría mi propia carrera a mi ritmo y el tiempo no me lo impediría.
Veía a la gente pasar en su lentitud habitual y no entendía cómo perdían tanto su tiempo. Para entonces, yo ya había cumplido 5 años más en tan solo 21 meses, pero a diferencia de los 5 años que cumple la gente normal, en mi cuerpo habían pasado solo las horas que correspondían a esa cantidad de meses. Quizás estaba un poco más cansado, pero con años por delante que otros no tendrían.
A la edad de 40, ya había celebrado mi 63 cumpleaños y las actividades para entonces estaban indefinidas; aún siendo yo, el hombre que logro controlar al tiempo, no podía visualizar que sería de mi vida en 23 años más. Tuve mucho tiempo entonces, más del que nunca pude soñar. Fue un sueño. Incluso regalé un poco a aquellos que noté más necesitados que yo.
Las tardes eran infinitas y la angustia de no tener nada que hacer me comenzaba a colmar. Tenía mi vida arreglada para los siguientes 23 años ¿qué más necesitaba por ahora? Nada. La contemplación se volvió un deporte y las horas las llene del vacío de no hacer nada… había hecho todo lo que quería hacer en los futuros 23 años ¿qué más podría hacer ahora?... Pasaron y pasaron las horas interminables, agobiantes, indiferentes y lapidarias, fue entre una de esas horas cunado se me ocurrió volver a ver mi muñeca, la cual no miraba desde que había terminado mis actividades. Ahí estaba aún, igual que siempre, mi reloj de pulsera inmutable en su haber, corriendo segundo a segundo sus horas, tal cual lo hizo en antaño. Fue entonces cuando lo comprendí, y en un intento desesperado por hacer algo al respecto, intenté hacer que las manillas del reloj girasen en sentido contrario; lo logré, más cada segundo pasó al mismo ritmo que si fueran para el otro lado ¿cómo no lo vi antes? ¡¿Cómo?!.
El tiempo y su andar nunca fueron míos, nunca los controlé, fui yo quien en mis ansias por controlarlo fui controlado por el tiempo y superado. Creí que corriendo ganaría la carrera, pero aceptémoslo, el tiempo lleva corriendo mucho más tiempo que yo y si él es el experto, yo no podría ser considerado más que un aficionado. ¿Cómo no lo noté antes? Cómo no entendí que la única forma de derrotarlo es en la quietud del todo, en la no espera de algún suceso y en la inmovilidad del cuerpo, es la prescindencia de éste en donde el tiempo es derrotado; en un juego de congelados es quien se mueve el que pierde, y si el tiempo tiene una virtud es la de no dejar de moverse. No era ganarme a su lado lo que debí hacer, sino dejarlo correr libre y sin que me importara su andar, ni sus horas, ni mi actividad, ni su concreción. Solo así, realizando actos despreocupados de tiempo, se podría domar este corredor, solo así podría haberlo utilizado cuando me viniera en gana y no ser utilizado cuando a él le de la gana, que para variar fue siempre. Solo en la despreocupación es en donde el tiempo será débil y los momentos infinitos, como yo ahora en mi espera, solo que sin actividades que hacer, sin gente que me acompañe en mi tiempo y con 63 años anunciando una muerte.  

Friday, 1 February 2013

Lista de actos revolucionarios:

-          Tirar una piedra a un estanque y que esto no produzca ondas en el agua.
-          Querer vivir infinitamente y suicidarse en el acto.  
-          Llorar tristemente ante una felicidad enorme.
-          Escupirse a uno mismo luego de ser golpeado y humillado.
-          Escribirle a un ciego.
-          Revivir.
     

      Amar sin medida.  

Wednesday, 28 November 2012

Palabra de Heidegger (no mías)

"Vivimos al amparo de los roles sociales, de lo que se espera que hagamos, pensemos y digamos. Solo excepcionalmente somos auténticos, en general nuestra vida se pierde en la inautenticidad; y es natural que así suceda, porque nuestro propio modo de ser implica asumirnos como radicalmente finitos. Aceptar la angustia de no poder cumplir todas las posibilidades que se despliegan ante nosotros, correr el riesgo de equivocarnos y arrepentirnos, y sentirnos culpables de las elecciones que hemos hecho y en fin, vivir cada momento de nuestra vida ante nuestra mortalidad. La culpa nos hace presente el pasado, tal como nuestro ser hacia la muerte nos hace presente el futuro, anticipándolo, por eso solo el hombre es propiamente mortal. Los animales no mueren, sino que apenas cesan. La muerte no es meramente cesar, la muerte es la posibilidad vívida de que ya no hayan más posibilidades para mi, es la posibilidad de que mi mismo ser sea imposible. Nuestra vida es un ente y los extremos, la nada del antes y la nada del después, no nos pertenece."

Sunday, 18 November 2012

C. de ensueño

Y ahí estaba yo, no sé por qué, pero tenía el encargo de cortar algo; en este momento no recuerdo qué, pero si recuerdo lo grande que era el cuchillo que me pasaron. Lo tome con calma y posé mi vista en el objetivo, lentamente y sin pensarlo mucho, empecé a cortar mi antebrazo -desde la muñeca, para ser exactos... Una a una caían las lonjas, una a una como cecinas, salchichón cerveza para ser precisos. No podía creer lo que estaba haciendo, tampoco podía parar. Me quedé estupefacto ante aquel acto, pero me sorprendió sobre todo, el hecho de que no sangrara.

No creí entonces lo que había hecho, una cierta angustia me tomo del pecho... Me calmé y pensé que algo debía hacer al respecto. No sé cómo, pero pude tomar el cuchillo y amarrarlo a mi brazo manco con mi mano derecha. Levanté el cuchillo y sin pensarlo, lo dejé caer sobre mi otra mano... Por algún extraño motivo no soportaba la asimetría de verme con solo una mano y me sentí más relajado al verme sin ninguna. Me costó, pero pude detener la hemorragia que salía de mi mano recién cortada; esta no era cecina, era mi mano y si sangró. 


PD: Lo más sorprendente de todo esto, fue que aún podía sentir mis manos. 

Friday, 2 November 2012

Después de vivir en una ciudad tan cuadrada como Santiago por más de 20 años (casi 21), puedo decir que me gustan los arcos sobre las calles. No me refiero a los pasos sobre nivel o las pasarelas que generalmente se ven en calles transitadas, sino que a los arcos como los que se ven frente a la Moneda en esos dos grandes edificios que están en el lado sur de la Alameda. Me hacen recordar que las calles no siempre estuvieron ahí y que nosotros somos los que nos hemos adaptados a ellas dándolas por sentadas, naturalizandolas, y que no es necesario respetarlas tanto como se nos exige y que podríamos darle una infinidad de utilidades más que el de vía para automóviles y/o autómatas. 

Tuesday, 30 October 2012

Pequeña defensa al resentido I

Que término más increíble y mal entendido es el resentimiento. Puede que por lo mismo este también, tan mal utilizado. Designamos como resentido a quien creemos, odia sin razón, a quien daña sin motivos, a aquel "inconsciente social". Lo culpamos de los destrozos y lo encerramos además, pues es bochornoso aceptar a alguien como "él" en el mismo estatus de libertad que el mío y bueno, también porque lo consideramos peligroso. 

¡Qué mal se entiende el resentimiento!

Le hemos quitado su contenido a esa palabra y hemos dejado que unos cuantos la ocupen para sus bienes, deformándola y reformándola, impidiéndonos comprender a ese que se encuentra en estado de odio al que llamamos, por algún extraño motivo, re-sentido. Pero hay algo que ellos - quienes se apoderaron de la palabra - no hicieron bien. Si querían crear otra denominación para un grupo y explicar su mundo, debieron también crear otra palabra, pero su conservadurismo no los dejó y deformaron una comprensión del mundo... pero no la eliminaron. 

En este mundo, nadie entendería al resentido, porque se le entiende, piensa y ve, como el "rebelde sin causa", como la piedra en el camino, como el odiador por envidia, pero no se dan cuenta de que esa palabra y ese significado son incongruentes, incoherentes. Algo falta en esa explicación del actuar de aquellos resentidos, algo que no van a encontrar en aquel significado. 

No se dan cuenta de que resentido no es quien odia por odiar, sino que re-sentido es una palabra que habla de quien sintió dos veces (quizás más) ¿Cómo esperar entonces que quien sintió el flagelo de esta sociedad, no una, sino que 2 veces (tal vez muchas más) entregue amor de vuelta, ante tanta injusticia recibida? ¿Cómo atrevernos a pensar siquiera, que aquel ser resentido agradezca su vida y sus condiciones? Francamente iluso, ilógico, infantil. Es el resentido el que vivió la dureza de una sociedad desigual y lo vuelve a vivir cada día. Es él quien paga los platos que nosotros quebramos y aún así exigimos encerrarlo...


Tuesday, 16 October 2012

Memoria


¿Qué es la memoria? o mejor dicho ¿Quienes somos la memoria?

Según la rae, la memoria es, dentro de sus múltiples definiciones: "La facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado". ¿Facultad? ¿En donde se albergan estos recuerdos que retenemos? ¿en que lugar?...

Esta es la pregunta que me interesa: ¡¿EN QUE LUGAR?!. ¿Está acaso dentro de nuestras cabezas? ¿Es independiente de su entorno estimulante, que provoca aquellos potenciales de acción que desencadenan una serie de reacciones químicas que traen a mi conciencia una asociación de ese recuerdo a un significado?


La respuestas es no, la memoria no es solo mía. La memoria es nuestra.

Aún así esto no quita que en algún momento la sientas tuya. Cuando esto ocurra - porque siempre ocurre - la memoria será contemplación. No paso, sino estadía.

En tu memoria, la que también es nuestra, pero que no lo parece. Las ganas de quedarse y contemplar, de mirar sin tiempo y de una manera que nadie más lo podrá lograr, porque en esta cadena de acontecimientos pseudo-azarosos que llamamos vida, te forjaste de una manera, que pareciera, nadie más podrá replicar; de una forma que nadie más podrá utilizar para ver este mundo. Es en esa contemplación singular en donde esta tu memoria, la que también, en muchos puntos, compartes con los demás, porque en algún momento, en algún punto, también fue nuestra.